Otegi y «aquello»

Antonio Casado | OTR PRESS

Lo mejor es a veces enemigo de lo posible. Así que vale la pena centrarse en lo deseable (reconocimiento del dolor causado a las víctimas del terrorismo de Eta) y aparcar lo que de momento es imposible (relato compartido). Si noventa años después no tenemos un relato compartido sobre la guerra civil, ¿cómo vamos a tenerlo de «aquello» que dejó de ocurrir solo hace diez años noventa años después.

«Aquello» es el determinante demostrativo utilizado por Arnaldo Otegui porque le queman las palabras que nombran lo que ya está calificado en el Código Penal (reforma de octubre de 2004) como «crímenes contra la humanidad». Nadie se libra de esa aversión a llamar por su nombre a lo que rechazamos en nuestro fuero interno. Se llama «memoria selectiva». Se cura con el olvido, pero necesita tiempo y algunas metas volantes como el reconocimiento del dolor causado y el arrepentimiento.

En el reciente comunicado de la izquierda abertzale, con Arnaldo Otegui (Bildu) de protagonista, se lamenta el dolor causado a las víctimas de ETA. Pero falta el arrepentimiento porque no se pide perdón, no se condena explícitamente el terrorismo, no se ofrece colaboración con la justicia en el esclarecimiento de los 197 crímenes sin revolver ni se renuncia a seguir homenajeando a los «gudaris» que vuelven de la guerra contra los enemigos de la patria vasca.

En consecuencia, estamos ante un paso en la buena dirección, pero todavía «insuficiente», por usar el calificativo del Gobierno perfectamente encajado en el mayoritario sentir de la opinión pública y, por desgracia, rebatido de hecho por el principal partido de la oposición.

El PP prefiere rentabilizar políticamente el comunicado de Otegui, diez años después del alto el fuego definitivo de ETA, forzando la temeraria acusación de que en Moncloa pretenden blanquear a los herederos políticos de la banda terrorista. Y la falta de sintonía en un tema de Estado del que gobierna y el que puede gobernar es una mala noticia.

Si los pactos afectan a la gestión del interés general, que busca mejorar las condiciones de vida de la gente, es absurda la pretensión del PP de que el PSOE se comprometa a excluir a priori de eventuales pactos a quienes no condenen explícitamente los crímenes de ETA.

La famosa disyuntiva de Rubalcaba, «bombas o votos», sigue viva. Dejen los dirigentes del PP que decidan los electores y, en todo caso, el Parlamento, los tribunales, los medios de comunicación, etc. Si los pactos estuvieran efectivamente orientados a «blanquear» esos antecedentes criminales -que no es el caso, como aseguró contundentemente Sánchez en la sesión de control de este miércoles-, ya se encargaran los votantes de castigarlo en las urnas.