Suicidio político

La opinión de Fermín Bocos.

El pulso entre la dirección nacional del PP -Pablo Casado, Teodoro García Egea- y la presidente de la autonomía madrileña, Isabel Díaz Ayuso, ha desembocado en una guerra abierta. Una guerra total. El detonante que ha precipitado el estallido de la crisis han sido las acusaciones de espionaje al entorno familiar de la presidenta en razón del supuesto cobro ilegal de comisiones -no probado- por parte de un hermano de la presidenta regional en un contrato de compra de un lote de mascarillas convocado por la Comunidad de Madrid durante los primeros tiempos de la pandemia.

Hay precedentes de enfrentamientos entre la dirección nacional de un partido y un líder autonómico, pero nunca se plantearon de manera tan abierta y descarnada.

El fulminante que ha hecho saltar por los aires las relaciones políticas e institucionales entre ambos poderes han sido un durísimo cruce de acusaciones. Ayuso, acusando de deslealtad a Pablo Casado y Teodoro García Egea, el secretario general del partido, deslizando la sombra de supuesta corrupción de la gestión de Ayuso. Una sospecha que, según sus palabras, explicaría la moratoria en la fecha de convocatoria del congreso del partido en Madrid. García Egea, al anunciar que el partido abría contra Ayuso un expediente informativo ha dinamitado todos los puentes con la titular del poder regional que fue masivamente refrendada en las elecciones del 4 de Mayo. La apertura de ese expediente abona la incertidumbre de si, llegado el momento, Ayuso podrá o no presentarse como candidata optando a la presidencia del PP en Madrid, visto que amén del mencionado expediente, el partido se reserva la posibilidad de emprender acciones legales contra ella por –son palabras de García Egea– «haber vertido acusaciones infundadas y muy graves contra Pablo Casado».

Hay precedentes de enfrentamientos entre la dirección nacional de un partido y un líder autonómico (Alfonso Guerra versus Rafael Escuredo, presidente que fue de Andalucía), pero nunca se plantearon de manera tan abierta y descarnada. En el caso que nos ocupa, está claro que estamos ante una situación que hacia dentro prefigura un escenario de una tensión de tal calado que, a corto plazo, liquida toda posibilidad de reconciliación entre las partes. Hacia fuera, la situación no ofrece dudas. Tiene toda la pinta de desembocar en un suicidio político.